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Me sorprende el uso tan seguro de palabras como certeza y causalidad
Hoy me topé con una publicación en LinkedIn de un especialista digital. Afirmaba con mucha seguridad que, gracias a un test A/B, no solo podemos identificar correlaciones, sino también establecer verdadera causalidad. Utilizaba palabras como “certeza” como si la estadística formara parte de la física newtoniana — algo claro, absoluto, indiscutible. Me sorprende ese nivel de confianza. Yo no la tengo.
Vemos causas donde no las hay
Nuestro cerebro ansía orden. Cuando algo sucede después de otra cosa, instintivamente pensamos: “lo primero causó lo segundo”. ¿Dolor de cabeza? Seguro que fue el café. Estamos diseñados para buscar causas, incluso donde no existen.
Desde el punto de vista evolutivo, esto tiene mucho sentido. Si oías un crujido en los arbustos, era más seguro asumir que había un tigre y salir corriendo, aunque solo fuera el viento. La evolución nos enseñó que es mejor equivocarse que morir. Tal vez por eso tendemos a ver patrones en el caos, conexiones en lo desconectado.
En la Edad Media, se creía que los cometas traían desgracias. El cometa Halley apareció en 1066 — y luego vino la batalla de Hastings. Caso cerrado.
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Resumen
Preguntas frecuentes sobre el tema del artículo
¿Por qué es problemático el uso seguro de la palabra certeza?
¿Cuál es la diferencia entre correlación y causalidad?
¿Por qué el cerebro humano ve causas donde no las hay?
¿Pueden los tests A/B probar la causalidad?
¿Qué dice David Hume sobre la causalidad?
¿Por qué esto importa para los profesionales que trabajan con datos?
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Los mecanismos que nos ayudaron a sobrevivir se están convirtiendo en debilidades.
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